[Columna] Marco Enríquez-Ominami: No dueños de los votos, pero sí responsables

La representación que se logra cuando la gente vota por uno, no es igual a la que le deja uno a un amigo en un poder simple para que le haga unos trámites en el banco y que después de hacerlos, ya se termina.

La representación electoral es más compleja y de aliento más largo, porque es en sí misma un rito de ciudadano fundamental. Un rito participativo que dota de una investidura simbólica especial y distinta a quien la recibe. Mi lección de 2009 es que uno no se puede desentender de esta dimensión participativa y ciudadana de la representación, que es, en definitiva, la de la responsabilidad.

Cuando las personas votan por un candidato lo hacen porque quieren que ese alguien esté en el poder por ellos. Porque quieren que esa persona represente la voluntad del representado y que responda –se haga responsable– por ellos en su dignidad.

Por eso, los candidatos que perdimos –por mucho o por poco– tenemos que entender que las elecciones no han terminado, y que tenemos una importante responsabilidad en segunda vuelta. En efecto, los candidatos no somos dueños de los votos que recibimos. Pero podemos usar esa responsabilidad entregada, y la confianza que nos ofrendó la gente, para orientar sus decisiones hacia el mejor lugar posible en dignidad y bienestar. La política no es el juego del todo o nada, porque la política se trata de la felicidad de la gente.

Los candidatos tenemos más información, hemos conocido a los contrincantes, hemos debatido con ellos, hemos comparado nuestros proyectos de país, y entonces, es lógico y correcto que asumamos la responsabilidad de orientar la decisión de los que votaron por nosotros, no como dueños, sino que como sus representantes.

Por eso es que, sin dobleces ni letras chicas, llamo a votar por Guillier. Porque mi responsabilidad como representante en este período eleccionario, que aún no se cierra, es decirles a mis votantes que, mientras Piñera significa un retroceso en el bienestar de la población y un debilitamiento de lo público (educación y salud), Alejandro demostró ser, para el pueblo, la mejor carta de la centro izquierda para avanzar en el camino que trazamos los progresistas el 2009, y que recogió valientemente Bachelet el 2017.

Invito a los candidatos y candidatas de la centro izquierda a no cometer mis errores, a no perderse en estrategias chicas llenas de supuestos, o en otros mundos mejores posibles, y a llamar a votar, cuanto antes, por Guillier. Perdimos, y condicionar nuestro apoyo a que el candidato ganador tome nuestras ideas es, finalmente, caer en el mismo chantaje del que tanto se quejan los jóvenes cuando critican a la transición. Es este el mundo en el que la gente tiene que vivir. Si gana Piñera, ese vivir se convertirá en un dramático sobrevivir. A votar por Guillier.

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