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“Hay que enderezar al país, mostrar que existen soluciones” Me-o | La Segunda

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“¿Por qué no mejor asumir, con sinceridad, que este es el peor momento (de la izquierda)? Hay que pedirle al Gobierno que se deje de intentar implementar banderas que ya no logró, sino que se dedique a plata, pega y orden”, sostiene.

Por Alejandro Fainé M.

“Genio y figura….”, Marco Enríquez Ominami cruzó los 50 años en junio y su rapidez mental para argumentar sigue intacta. La energía con que repite las ideas fuerza está incólume. Y la ironía con que describe a sus contrapartes, retrotrae las cosas a cuando en 2005 fue electo diputado e inauguró la categoría de díscolo —militaba en el PS—, con una agenda puntuda para la última etapa de la Concertación.

“Enfant terrible”, decían de él en esos años, calificativo que hoy recuerda esos trofeos de antiguas glorias deportivas, pues contrasta con sus canas y la inevitable anchura de los años. Reconoce que en lo personal vive un “fenómeno nuevo”: sus hijas se independizaron hace un año —una trabaja en Argentina y la otra estudia en París—, lo que “impacta mucho porque tengo el día completo. Pero también estoy triste. Una parte importante de la vida uno la construye en función de los hijos y, no te voy a mentir, he llorado”.

—¿Llora ME-O?

—Sí. La he pasado mal, las echo de menos locamente pues se te pierde una parte importante de la vida. Están ocupadas, no me dan tanta bola como quisiera.

Así, desplegando también una veta emocional, ME-O en esta entrevista quiere decir “presente” en la política. Con ese olfato de 17 años en juegos de poder y que en las venas acumula tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres políticos (que evolucionaron generacionalmente desde el Partido Conservador, la Falange, la DC, el Mapu y el MIR), piensa que los presidenciables de centroizquierda llevan el lastre del Gobierno. Saca lustre a sus vínculos internacionales —fundador del Grupo de Puebla, con 66 líderes progresistas de centroizquierda de 21 países—, y hasta la carga que tiene por el recién iniciado juicio por aportes de SQM a una de sus campañas —proceso que podría terminar en 2025—, la vincula con la preocupación por la seguridad: “Hay mucho chileno en Valparaíso que echa de menos a los fiscales y yo tengo diez. Dos a tiempo completo que ganan $7.000.000 al mes”.

—Fuiste “díscolo”, pero hoy la indisciplina se asocia al mal de la política.

—Los díscolos fueron una crítica al ejercicio del poder y, humildemente, creo que fui un aporte. Lo discutí con Gabriel Boric cuando en segunda vuelta buscó mi apoyo. Le dije: “Mira, yo rompí la puerta y tú la cruzaste”. Rompimos las puertas del presidencialismo monárquico, de una disciplina partidaria mal entendida. Acuérdate de los debates en 2000 de educación pública, aborto, matrimonio igualitario, HidroAysén.

—¿Las cosas se desbordaron?

—Una cosa fue romper la puerta, pero quienes la cruzaron metieron la pata. Para entrar de lleno a las cuñas: hay una izquierda panfletaria, identitaria y con mala comprensión de la economía. Lo mismo el sistema político: los 30 partidos actuales son por una reforma de 2014 de los hoy gobernantes, acordada en una cocina.

“Voté porque se mantengan las reglas con las cuales nunca he estado de acuerdo”

—Posplebiscito se te vio bastante enrabiado con el proceso constitucional.

—Llevo 17 años de figuración política, con ausencias entre medio. Y las banderas que defendí hoy son minoría: el país no está disponible para el fin de las AFP; no hay proyecto relevante en educación pública; el máximo desafío en salud es resolver el tema isapres; en tributaria pasamos de un candidato que dijo en un debate “8 puntos del PIB”, cuando ganó dijo “4 puntos”, cuando asumió dijo “1,5” y estamos en 0… Voté porque se mantengan las reglas con las cuales nunca he estado de acuerdo.

—¿Qué le pasó a la izquierda?

—Cayó en el panfleto, una falta de rigor, de disciplina y confusión entre una sociedad de mercado y con mercado. El mercado es fundamental en una sociedad, pero la izquierda chilena no nombra esa palabra. La economía es mixta, pero en nuestra catedral, el que lo diga es neoliberal vende patria.

—¿Y la reflexión de la izquierda pos 17?

—Creen que ganaron. Perdió Kast y Matthei, pero nosotros no ganamos. ¿Cómo van a ganar quienes proponían un camino constituyente y repensar la vida en común con más derechos sociales?

—Fernando Atria decía que las distintas votaciones reflejarían una ciudadanía que rechaza todo, más que adherir a una posición específica…

—El reciente “En contra” es hijo de una ola impugnadora. La mala lectura de la elite fue pensar que el triunfo del Rechazo era contra el A Favor; no, fue el Rechazo al Rechazo lo que hizo que ganara. La clase política no entiende lo que pasa: dirigieron este proceso creyendo que el 18 de octubre era un movimiento anticapitalista.

—¿Peña tiene razón: el chileno no es anticapitalista y quiere gozar del capitalismo?

—La furia por el abuso no es lo mismo que decir terminemos con el capitalismo. Es no entender un fenómeno de consumidores endeudados, rabiosos, mezclado con causas sustantivas —plurinacionalidad, feminismo…—. Las protestas de 2011 las condujeron dirigentes estudiantiles carismáticos, llenaron de sentido algo, pero quienes marchaban eran estudiantes furiosos por la mensualidad, que no es lo mismo que decir “quiero gratuidad”: el fin del CAE no significa gratuidad.

ME-O busca ser ecuánime en la distribución de responsabilidades por perder “totalmente” estos 4 años, pues al otro lado hay “una derecha que contribuye al caos, que manipula hablando de orden y te construye la Constitución más caótica que haya visto. Lo de Kast es la mayor incompetencia en la historia política reciente: la mayor votación de la historia de Chile individual, ¿y? Hay un proceso, sale mal; haces el segundo, ya tienes toda la literatura, todo lo que no hay que hacer, pero no aprendiste nada y el incompetente mayúsculo que habla de orden… No… ¡es un inútil completo! ¡el mayor porro!”.

Lo bueno de Boric: “Cierta vocación pacificadora”

—¿Qué ha hecho bien el Gobierno?

—Las 40 horas es importante, y el proyecto del sueldo mínimo, pero se lo comió la inflación. Hay algo en el Presidente que es valioso y no es poco: cierta vocación pacificadora, cuyo máximo pecado es llegar tarde al Palacio. Piñera, en cambio, era un provocador: ahí está la selfie en la plaza.

—¿Son logros transformadores?

—Claramente, no va a ser un Gobierno de transformación, será un Gobierno de paz. Le diría al Gobierno que deje de manipularnos mandando proyectos de ley que no se aprobarán y se dedique al control y el orden. Que avance en algo en que el mundo progresista —no culpo sólo al Presidente— está al debe: seguridad.

—¿Por qué manipulación?

—Hay una regla en política: lo que no se hace el primer año no se hace nunca. La manipulación es que ahora presentarás proyectos que no hiciste cuando eras popular. ¿Lograrás aprobarlos? Como me niego a vivir en tontilandia y por la gracia de las canas te puedo decir que este es un juego de manipulación de la oposición y de quienes gobiernan: la derecha no aprobará nada, no porque sean obstruccionistas, sino que porque tiene toda la lógica de un año electoral, punto; y los propios tuyos el tercer año ya están mirando hacia una reelección, con lo cual ya ni los gobernadores se sacan fotos con ministros… También está el periodismo, que necesita llenar sus páginas con noticias diariamente, y en este juego manipulador gasta tinta en artículos irrelevantes.

—Igual para un gobierno que no tenía crecimiento y seguridad en sus prioridades, debe ser difícil asumirlas…

—Estás entrevistando a alguien que trató de ser Presidente cuatro veces y no encontrarás aquí simpatía por el “¡Qué difícil!”. Me han dicho “tú no te imaginas lo duro que es”. Bueno, ¿para qué fueron por la Presidencia? Ustedes ganaron, fueron implacables con Piñera —yo también—, no me pidan que sea manipulador con un electorado que ha votado por mí sistemáticamente y decirle a la gente “pucha, le ha tocado muy duro a Boric”.

—¿Coincides con los críticos de que falta capacidad de gestión al Gobierno?

—No, le falta proyecto. La política para mí es el arte del sentido, es llenar de sentido. Lo de Carabineros es una paradoja maravillosa: tienes de jefe de Carabineros a quien era director de orden público en el estallido social, por el cual acusaste a ese Presidente de genocida, violador de los DD.HH… Pero a Karina Oliva la echaste simplemente porque Carabineros le tumbó la puerta o a Javiera Parada porque manejó borracha.

—¿La negociación con SQM es otra muestra del sinsentido?

—No he visto nunca a Ponce Lerou, ni le he hecho un favor, y este gobierno le acaba de regalar 30 años. Otro sinsentido: instituyeron que la cocina era escandalosa y descubrimos que se reúnen en la casa de Zalaquett, el de las boletas con SQM.

—¿Cuánto puede costarle a la izquierda estos sinsentidos?

—Ya nos costó: nuestras banderas son minoría. Nunca hemos estado más arriba que hace dos años y nunca hemos estado más abajo en la historia de Chile. ¿Por qué no mejor asumir, con sinceridad, que este es el peor momento? Hay que pedirle al Gobierno que se deje de intentar implementar banderas que ya no logró, y que se dedique a “plata, pega y orden”. Cualquier otro intento nos seguirá hundiendo.

—¿Cuál es el riesgo de seguir así?

—Emergerá un proyecto de economía mixta que sea radical en seguridad e implacable con el juego manipulatorio.

“Puedes tener país capitalista con seguridad social”

—¿Para qué quieres estar en esto?

—Por el millón de chilenos manipulados. Habrá que construir una fuerza en lógica política. Siempre he dicho que estoy a favor del Estado y del mercado, y ahora estoy a favor del mercado y del Estado. No estamos contra la educación particular subvencionada, estamos a favor de educación pública espectacular; puede haber un seguro universal de salud y prestadores privados, sí… Puedes tener un país capitalista con seguridad social: España, Francia y Alemania.

—¿Y qué estás haciendo para ello?

—Mucho… En la campaña recorrí las 16 regiones por el “En contra”. En un esfuerzo brutal —no quiero ser arrogante—, empecé mucho antes criticando el segundo proceso, como me opuse al primero, pero en el primero fui inaudible por la manipulación… Dije “rechazo al rechazo”, y no me he equivocado, porque hay una ola que hay que saber leer: se requiere construir una dinámica de ruptura con la manipulación, y convencer a los manipuladores de embarcarse en otra dinámica. Que el Gobierno deje las transformaciones para otro proceso distinto y validado por la ola impugnadora y el voto voluntario. Hay que darle un sentido a eso y quiero colaborar.

—¿No te aburres de reintentarlo?

—Me lo han preguntado 200 veces. Quiero colaborar… Hay que enderezar al país, lo cual supone acciones que permitan mostrar que existen soluciones. Es feo lo que diré porque la palabra es medio reaccionaria, pero nos echamos a perder —está de moda el “nos jodimos”—, y hay que enderezar, pues el país perdió rumbo.

—¿Podrás surfear la ola impugnadora?

—Mis cicatrices pueden colaborar a construir algo. Como yo no tengo ninguna participación como autoridad pública hace 14 años, no podrán decir que soy responsable de lo que ha pasado.

—En el PS está de secretario general tú “amigo” Escalona. No te la veo fácil.

—Supongo que Escalona, bueno, no sé si él, pero todos los que me plantearon que mi agenda era populista y de farándula —el aborto, No a HidroAysén, matrimonio igualitario, fin del DICOM— han cambiado… Tengo miles de conversaciones y lo que digo en esta entrevista es el brief —aún no tengo el slogan— de lo que hay que poner en la mesa.

—¿Cómo ves el escenario presidencial y el papel de Bachelet?

–Soy amigo de Sergio Massa y le dije que era muy ambicioso ser ministro de Economía y pretender ser presidente de Argentina en el ciclo siguiente. Y lo diría acá: “No puedes representar el cambio en el ciclo siguiente siendo la principal madrina o consejera del Gobierno, la presidenta Bachelet o ministra de la seguridad o ministra vocera. Será un problema”. Las elecciones son un plebiscito hacia el cambio y si alguien no lo entendió vean a Briones, Sichel y Desbordes, que apostaron a ser ministros díscolos, pero un señor emparentado con un nazi vinculado a la violación a los DD.HH., pasó a segunda vuelta.

—¿Será difícil el vínculo con FA?

—A muchos los conozco. Hay gente espectacular ahí, de una fuerza…

—Te veo halagador…

—Hay gente sensacional ahí: un pueblo FA joven, rebelde y esperanzado. ¿Cuál es la definición de vejez que más me gusta? Cuando uno tiene más remordimientos que sueños. La Concertación tiene más remordimientos que sueños y el FA todavía tiene más sueños, pero está conducido por una elite con convicciones en controversia.

—Tampoco ME-O quiere pelear…

—Ni con la Concertación. Los concertacionistas se ven más viejos de lo que son.

Fuente: La Segunda

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